10 de enero de 2020

Adalberto Pino Rojas.
En mi época de estudiante, todavía se nos impartía la asignatura de Filosofía que incluía el estudio de la ética, la lógica y la axiología. En los últimos años, estas asignaturas fueron eliminadas del pensum de secundaria y, en su lugar, se presentaron charlas o seminarios sobre valores, por lo general, de manera casual por tratarse de las festividades del colegio. A mi juicio, la falta de rigor académico y lo esporádico de su abordaje, han hecho que decaiga la formación ética y deontológica del estudiante en formación.

De hecho, se volvió notorio en el comportamiento del niño y del adolescente, por ejemplo asumen actitudes irrespetuosas, indecorosas, y deshonestas por citar algunas. Ahora bien, se impulsaron los derechos del niño y del adolescente, algo justo y necesario para el establecimiento de relaciones respetuosas entre los adultos y este grupo de la sociedad civil. Sin embargo, advierto que se insiste en los derechos soslayando los deberes. El adolescente ahora exige sus derechos, tacha a sus docentes y mayores, pero haciendo caso omiso de sus obligaciones.

Para el caso ecuatoriano, se halla el “Código de la niñez y adolescencia”, en vigencia desde el 2003, difundido a todo nivel y, de manera particular, en los establecimientos educativos, en donde, el “Código de convivencia” de las instituciones recoge en su articulado los derechos del adolescente, entre ellos el derecho a la educación, a la salud, al buen vivir, a no ser discriminado, entre otros, y son discutidos con los integrantes de la “Comunidad Educativa” (padres, maestros, estudiantes y miembros prestantes de los gobiernos locales e instituciones de servicio público, como la Junta Parroquial, la Tenencia Política, el personal de los dispensarios médicos, entre otros estamentos públicos). Estos sujetos sociales están convocados para participar en la construcción comunitaria del Código de convivencia escolar.

Sin embargo, luego de realizar los compromisos de cada uno de las partes de la comunidad educativa, el código es apelado en la práctica para reclamar derechos, pero no se lo menciona de la misma manera al momento de cumplir los deberes y acuerdos. De todas formas, el contar con un marco de derechos y deberes ciudadanos es un medio idóneo para inculcar los derechos humanos en el estudiantado.

Desde el 2015 en Ecuador, se reintegró en el pensum como asignatura optativa “Desarrollo del Pensamiento Filosófico” para segundo de bachillerato, asignatura que se presta para reflexionar sobre temas de derechos y para analizar casos en los que se presentan dilemas éticos o morales a resolver. A partir de allí, se construye un marco teórico y práctico en el que se va desde la práctica a la teoría y viceversa, en una dinámica dialéctica de reflexión – acción – reflexión. Es por tanto, otro medio para inculcar derechos humanos.

Otro medio viene a ser la misma Ley de Educación, que, en su parte pertinente, hace referencia a evitar y contrarrestar conductas agresivas, abusivas o lo que en la actualidad se ha denominado Bullyng, acoso sexual, entre otros. La deshonestidad académica es otro contravalor que está siendo cuestionado y sancionado, para preservar el derecho a esperar honestidad en la conducta de los otros, llámense compañeros, docentes, directivos o padres.

El aula y su dinámica cotidiana brinda múltiples oportunidades para que el docente plantee reflexiones sobre derechos humanos, en un sentido amplio, como es el derecho que tiene la comunidad educativa de rechazar los comportamientos que buscan entorpecer la actividad académica, que pretendan dañar los bienes públicos, o que intenten defraudar a cualquiera de los integrantes de la comunidad. Por ejemplo, si se destruyen textos, laboratorios o materiales se atenta contra los derechos de las siguientes generaciones de contar con esos recursos, lo cual va, asimismo, en contra de sus derechos al buen vivir. Crear el caos y la indisciplina atenta contra el derecho de los otros a contar con un ambiente tranquilo y estimulante para estudiar.

Dentro de las políticas públicas y de educación, se introdujeron dos textos muy importantes, a saber: “El Código de la Niñez y Adolescencia” y “El libro de valores”. Dichos textos plantean claramente los derechos humanos para ser tratados desde los primeros años de educación. En ese contexto, los derechos de niños, niñas y jóvenes están claramente señalados y en otros casos subsumidos en los derechos fundamentales y universales.

El quid del asunto es encontrar medios idóneos de trasmisión a la población estudiantil. De hecho, está consagrado en toda la ciencia humana y en particular en la pedagogía y didáctica “El Ejemplo”. El aula, los patios, las reuniones docentes y administrativas son el medio en el que se deben tener presentes los derechos humanos y desde ahí, incluirlos a la vida cotidiana, tanto pública como privada, lo cual, significa un gran compromiso personal y profesional. Desde luego, algo que a veces se olvida, es que toda la comunidad educativa es sujeto de derechos, es decir: los alumnos, los docentes, los padres de familia y el colectivo social. Recalco que en nuestro medio se ha enfatizado sobreproteger al joven con los derechos y en ocasiones, en estos último tiempos, los docentes hemos sido hasta cierto punto rebajados a un segundo plano en cuanto a nuestros derechos por la supremacía que se le da a los derechos del adolescente.

Los profesores que hemos pasado las cinco décadas vemos que, en cuanto a urbanidad y buenas costumbres, una gran proporción de adolescente manifiestan un trato frio, a veces osco y displicente con aquel que exige y demanda buena conducta y atención en las actividades áulicas. Sin embargo, el deber del que se funge como motivador, asesor o guía, es insistir que la vigencia de los derechos es una vía para la buena convivencia humana, para que haya cabida para todos, tolerancia para las subculturas y minorías sociales. Un colegio es una micro sociedad en la que se presentan muchas de las fricciones que se encuentran en la sociedad ampliada: chicos y chicas diferentes, con opciones particulares en los político, social y sexual. Existen confrontaciones raciales y sociales por religión, política, economía etc. Por tanto, es necesario estar atentos a toda esta dinámica social para que en ese entorno se “enseñen derechos” y “deberes”, ya que si solo insistimos en los primeros la formación humanística sería sobreprotectora y coja, dejando fuera de balance el comportamiento humano.

Por su parte, un medio de intervención de prestantes miembros de la comunidad educativa tiene lugar para la resolución pacífica de controversias. El uso de seminarios, video foros, paneles, invitados de honor etc., serían los medios al alcance para inculcar, fomentar y ejercer la práctica de los derechos humanos, que, luego debe traducirse en comportamiento ciudadano, en participación sociopolítica, en definitiva en un ingrediente para “El Buen Vivir” como premisa que plantea un desarrollo armónico de la sociedad y de los pueblos, y que lo consagra nuestra constitución Ecuatoriana.